
La entrega de abril de Cortogenia 2008 ya prometía desde su cartel. Yo, a título personal, estaba impaciente por ver el segundo cortometraje del guionista Guillermo Zapata. Podemos presentar a este joven por ejemplo como uno de los escritores de una de las series más veteranas de nuestra televisión: 'Hospital Central'. Sin embargo, los que somos asiduos de estas pequeñas piezas del séptimo arte, lo reconocemos por el realizador que tiene en su haber un curioso récord: el haber colgado un corto de título 'Lo que tú quieras oir', sin registrar por los métodos usuales de la propiedad intelectual y haber registrado hasta la nada despreciable cifra de sesenta millones de visitas. Quién me lo iba a decir a mí, que aquel chico, siempre inquieto y revolucionario llegaría tan lejos. Y es que este muchacho, sobre todo destacaba por levantar mucho la mano en clase para cuestiones trascendentales. Pasaría además a la historia de la facultad de Ciencias de la Información como uno de los creadores de aquella utópica Aula Social. Para quienes nunca se hayan pasado por allí les contaré que los promotores de estos actos pidieron en retiradas ocasiones al rector de dicha universidad un lugar en el que poder reunirse. Al no recibir noticia alguna, ocuparon de una manera pacífica unos salones hasta entonces abandonados. Su idea era hacer talleres de teatro, conferencias y otras actividades culturales, alternativas y por supuesto gratuitas. Pero la iniciativa pareció no gustar a nadie, de hecho les incomodó tanto que acudieron varias 'lecheras', como son conocidas aquí las furgonetas anti-disturbios. Algunos alumnos fueron procesados y por supuesto, este espacio cultural fue cerrado. Así, recuerdo yo al Guillermo Zapata de entonces.
A lo que iba, que siempre acabo yéndome por los cerros de Úbeda, al Cortogenia de ayer sí. Llovía, hacía un viento que no invitaba a dar ningún paseo. Pero allí estaban, en una noche de temporal imposible, cientos y cientos de personas esperando a la entrada del teatro Capitol. Allí parecía que iba a ser imposible sentarse. Tuvimos que subirnos de hecho a una de las filas más elevadas, por exagerar diré que yo casi tocaba con las manos el techo y eso que soy pequeñita. Por no decir, que cuando estaba de pié al soltar el ábrigo, la distancia al escenario me producía vértigo.
Tengo que decir que 'Y todo va bien' no me defraudó, tampoco me sorprendió la presentación del autor, como siempre reivindicativa de los derechos de los más desfavorecidos en las producciones como son los técnicos. El tema, como en su primera obra, era simple y sobre todo cercano. Y es que tiene este chico la capacidad de ver arte en el día a día, en las situaciones con las que todos nos identificamos. Porque todos nos hemos sentido alguna vez como esa chica a la que le deja su novio, o esa otra que duda de la monotonía de una relación y sin quererlo busca a través de otras vías... Esa cercanía lo hace universal y grande. Si además, tus personajes tienen, como nosotros todos, un mundo interior oscuro, una manía inconfesable plasmada en unos diálogos divertidos con una buena dosis de ingenio... ¿qué más podemos esperar de un corto?
Mi más sincera enhorabuena y desde luego, me uno a esa borrachera de aplausos que se recibió ayer.
A lo que iba, que siempre acabo yéndome por los cerros de Úbeda, al Cortogenia de ayer sí. Llovía, hacía un viento que no invitaba a dar ningún paseo. Pero allí estaban, en una noche de temporal imposible, cientos y cientos de personas esperando a la entrada del teatro Capitol. Allí parecía que iba a ser imposible sentarse. Tuvimos que subirnos de hecho a una de las filas más elevadas, por exagerar diré que yo casi tocaba con las manos el techo y eso que soy pequeñita. Por no decir, que cuando estaba de pié al soltar el ábrigo, la distancia al escenario me producía vértigo.
Tengo que decir que 'Y todo va bien' no me defraudó, tampoco me sorprendió la presentación del autor, como siempre reivindicativa de los derechos de los más desfavorecidos en las producciones como son los técnicos. El tema, como en su primera obra, era simple y sobre todo cercano. Y es que tiene este chico la capacidad de ver arte en el día a día, en las situaciones con las que todos nos identificamos. Porque todos nos hemos sentido alguna vez como esa chica a la que le deja su novio, o esa otra que duda de la monotonía de una relación y sin quererlo busca a través de otras vías... Esa cercanía lo hace universal y grande. Si además, tus personajes tienen, como nosotros todos, un mundo interior oscuro, una manía inconfesable plasmada en unos diálogos divertidos con una buena dosis de ingenio... ¿qué más podemos esperar de un corto?
Mi más sincera enhorabuena y desde luego, me uno a esa borrachera de aplausos que se recibió ayer.
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