Mamá, quiero ser guionista

Un día dije aquello de 'mamá, quiero ser guionista' y entonces ella...
¿por qué no me abofeteó?

miércoles, 16 de abril de 2008

Dignos técnicos de publicidad


Hace años estuve viviendo en el barrio de las Letras de Madrid, muy cerca de Sol. Mi ventana miraba desde un segundo al Callejón del Gato, más conocido por los espejos cóncavos y convexos en los que se desfiguraban los esperpentos de Valle-Inclán. Reflejarse en ellos era tan divertido para turistas, borrachos de cañas y el resto de fauna variopinta que a todas horas había gente echándose unas carcajadas. Con semejante ruido, tuve que acostumbrarme a dormir con tapones para los oídos.

Ayer volví a pasar por allí, tenía una entrevista de trabajo ¡por fin! Me acerqué a la cita con bastante desgana, la cosa no pintaba muy bien, ni por horario ni por salario, pero qué otra cosa puedo hacer cuando llevo dos meses echa que te echa cvs sin obtener respuesta.

Cientos, que digo cientos, miles de transeúntes caminaban alocados a las seis de la tarde por la puerta del Sol. Entre ellos, los captadores de socios para ONG's y los omnipresentes 'técnicos de publicidad', es decir, los repartidores de papelotes que anuncian cosas.

No estoy demasiado informada, pero intuyo que los captadores cobran por miembro 'abducido' y los repartidores por papel entregado. Conseguir no ser abducido es desde luego una tarea casi imposible, dadas las agresivísimas técnicas de persuasión de esos chicos... a veces es difícil resistirse a sus encantos pues curiosamente suelen ser jóvenes de lo más agradaciados. Sin embargo, a mí lo que más me llama la atención es la poca solidaridad de los viandantes de cara a la gente que te ofrece un simple papel. Casi que te cuesta más trabajo retirar la mano que cogerlo y tirarlo en la siguiente papelera (a ser posible de reciclaje). ¡Un poco de solidaridad! He visto a esa gente trabajando incansablemente contra viento y marea, en condiciones climatológicas muy muy adversas y encima, teniéndose que enfrentar a las miradas de superioridad y a los continuos desdenes. Repito: no cuesta nada coger ese papel. Quién sabe si algún día no nos tocará a nosotros estar en su lugar.

Por cierto, la entrevista al final fue bien y las condiciones laborales no eran tan malas. No hay abandonar nunca la capacidad de ilusionarse, nos ayudará a sentirnos más vivos.

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