Mamá, quiero ser guionista

Un día dije aquello de 'mamá, quiero ser guionista' y entonces ella...
¿por qué no me abofeteó?

domingo, 18 de mayo de 2008

El amor, la droga de los ilusos

'Amor', dícese de ese estado de locura que nos conduce a cegueras transitorias, actos estúpidos y ansiedad sin sentido. A mí a los enamorados me gusta dividirlos en dos grupos: los que aman sin condiciones y los que simplemente, se dejan querer. Yo suelo ser de los primeros, es decir, de los que con el tiempo acaban avergonzándose de haber pasado por alto muchas situaciones injustas frutos del egoísmo del otro, del que dice quererte... pero sólo con el amor que le sobra después de adorarse a sí mismo.
Nosotros, los ilusos, somos el más claro ejemplo de esa frase que dice que el hombre es un animal dado a tropezar dos veces con la misma piedra. Es más, hasta cientos de veces me atrevería a tropezar yo. Y es que sin saber por qué, hay una fuerza que te arrastra en contra de tu voluntad a juntarte con otras personas, a dejarte encandilar por unos encantos que en la mayoría de las ocasiones suelen ser un capricho de tu imaginación. Y así comienzas a hacer planes, a imaginarte una vida al lado del egoísta en cuestión, a estrujarte los sesos para ser ingeniosa y sorprenderlo en cada regalo, en cada velada... Pero el tiempo pasa y después de varios 'nos' a esos planes de viaje ya dejas de proponerle cosas, por miedo al rechazo. Ya dudas antes de coger el teléfono para llamarlo, esperas a que él se te adelante pero eso no suele pasar y al final caes en la tentación. Otra vez está ocupado. No pasa nada, ya anulas tu cita con los colegas para amoldarte a sus horarios, que él está tan ocupado... Un día decidiste tirar la casa por la ventana, le miraste fijamente a los ojos y le dijiste: 'te quiero'. Mira que te cuesta decir esa maldita frase para que tu objeto de deseo te conteste con un simple 'gracias'.
Y ese es justo el principio del fin. A esa altura ya te has dado cuenta de que no está enamorado de ti, pero confías en que si no te quisiera no estaría contigo, no os habéis casado, no hay ningún contrato que lo retenga a tu lado. Lo que al principio eran citas digamos 'especiales', se convirtieron en mera rutina, en hacer lo de siempre. Y como lo de siempre es tan aburrido, pues ya puedes buscarte unos amigos solteros si quieres innovar y hacer planes interesantes. No quieres darte cuenta, pero él hace lo mismo. Total, que al final os cuesta poneros de acuerdo para encontraros, aunque viváis a unos cuantos pasos el uno del otro. Vuestra 'quedada' eso sí, tiene que ser siempre que uno no tenga planes de echarse una partida a las cartas con los amigos, una siesta, unas cañas, un concierto... porque vuestra quedada, ya no tiene misterio y pasa a ocupar el lugar del ultimísimo de los platos. Y así pasa el tiempo... hasta que él te deja, porque encima, tú tienes ya la autoestima tan baja que ni te atreves a hacerlo.
Y en el recuerdo, en lugar de quedar buenos momentos, te martirizas una y otra vez con esos malos. Entonces no lloras de tristeza, sino de mera rabia por haber sido tan ilusa de nuevo. ¿Por qué tenías que arrastrarte tanto? ¿por qué nos empeñamos en desperdiciar nuestro tiempo con personas que no quieren dedicarte ni un mísero segundo de sus vidas?
No, no nos merecemos esto... pero convencida estoy de que volveré a cometer el mismo error, y no una vez, sino al menos dos.

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