Mamá, quiero ser guionista

Un día dije aquello de 'mamá, quiero ser guionista' y entonces ella...
¿por qué no me abofeteó?

viernes, 26 de diciembre de 2008

El corazón a bocados con el cerebro

El corazón se rompe y... ¿hacia dónde van sus pedazos? Salpican, sobre todo al cerebro, que es lo que tienen más cerca. El cerebro se vuelve de un sabor ácido. Los trozos de corazón penetran en él en forma de resentimiento, de pesados cargos de conciencia. Esos cargos son revoltosos, no saben estarse quietos y toman el espacio del cerebro como si fuese suyo. Campando a sus anchas bailan, se cogen de la mano y desordenan caprichosamente tus pensamientos. Estos pensamientos se marean, se mezclan los unos con los otros, los unos con los añicos de corazón y te confunden. Entonces lo ves todo borroso, las siluetas a tu alrededor disuelven sus formas, se difuminan. Parece no haber nadie cerca de ti, sólo un tumulto erróneo de personas, en apariencia.
Algunas de estas personas, al verte tan desorientado te dan su mano, te intentan guiar. Pero otras, te empujan o te dan vueltas hasta que te pierdes del todo. Tú, con ganas de vomitar tras ese peligroso juego, intentas sostenerte, apoyarte en el primer bulto que simula ser una persona. Pero esa persona, no tiene por qué ser tu amigo, e incluso puede ser el mismo que te dio el martizallo en el corazón que alberga intenciones de volver a repetirlo. Y tú te dejas llevar por ese alud de sinsentidos, tomas su mano dispuesto a levantarte, a salir de la deriva, a sabiendas de que dentro del pecho, ya no hay un corazón que romper. El verdugo busca, rebusca entre tus entrañas pero no encuentra nada. Parte de tu antiguo corazón ahora habita de forma amarga en tu cerebro, el resto... está repartido por las paredes, el suelo, las juntas de los azulejos de esa habitación vacía en el mejor caso, de esa habitación llena de sufrimiento en el caso más habitual.

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