Mamá, quiero ser guionista

Un día dije aquello de 'mamá, quiero ser guionista' y entonces ella...
¿por qué no me abofeteó?

domingo, 14 de diciembre de 2008

El limbo entre el amor y el desamor


Del amor al odio hay sólo un paso, ¿y de la tristeza a la felicidad? Cuando una relación se rompe sin motivo aparente, cuando ambas personas se quieren y sobre todo, se desean (considero éste el pilar más sólido y la muestra más feaciente de que el amor sigue haciendo de las suyas...) pero saben, que si están juntos se hacen daño, y si no lo están, se condenan a un estado permanente de insatisfacción, de malestar vital, de pesimismo, de ansiedad por que los tiempos mejores vuelvan, porque llegue el día en que esa persona, no sea esa persona que es, sino la que amamos... en nuestra imaginación, en nuestro mundo ideal...
¿Qué hacer ante tal desesperanza? ¿Resignarse a la pérdida? ¿a estar lejos de esos momentos en los que crees tocar el cielo? ¿o seguir intentándolo y darte una vez (y otra, y otra, hasta el aburrimiento) de bruces contra el muro del dolor?
¿Preferimos estar solos que mal acompañados? ¿o las malas compañías no proporcionan altas dosis de placer que son capaces de compensar los largos días de agonía?
¿Hay alguna pareja que se salve de este tira y afloja? ¿seremos demasiado incorformistas? ¿o es que los demás han equivocado el concepto de felicidad?

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