ufff, me ha dado un escalofrío al ver la fecha de mi último post. por aquel entonces, me enfrentaba a un verano, lleno de planes, de viajes y de mucho sol. ahora me enfrento a los últimos rayos, los últimos días con la tarde libre y a un otoño lleno de proyectos. Ni uno sólo de ellos original: aprender inglés, retomar la escritura, buscar otro trabajo...
Yo cuento los años por las jornadas escolares, como los niños. Para mí septiembre es el comienzo de una nueva etapa, de la puesta de metas. Hoy me enfrento conociendo de cerca la tierra de los nazis, y de los judíos. Me he aproximado a las dos caras de la moneda y ambas, me han invitado a reflexionar sobre la libertad, tanto aire que respiramos sin una soga, sin un bozal.
Nuestros bozales de ahora son los jefes, un 'poco' explotadores, nuestra soga la interminable jornada laboral. Nuestra cárcel es la moda y nuestras rejas nuestras exigencias de darnos a nosotros la talla de las expectativas que nos hemos ido creando a lo largo de la vida.
Yo por ejemplo, iba a ser una afamada novelista. También iba a ser una ejecutiva agresiva o una imaginativa guionista de éxito.
A los treinta creía yo que alcanzaría la paz sentimental y tendría un hogar propio en el que poder explayarme y entrar a mi aire sin saludar. Pero aquí sigo bajo el yugo de los amores imposibles y de las relaciones insanas.
Y miro a mi alrededor y mi vida de otoño está construída a base de inocentes sueños, amigos interesantes y un sinfín de proyectos, a la par que un niño que no me da estabilidad pero me da conversación y juego mental. Hoy leo e imagino historias. Hoy escribo y me pongo unas alas para volar.
El pájaro comienza a cantar más alto en otoño, pero aún quedan unos cuantos días de verano para poder ensayar.
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