
¿Dónde quedó el placer de no hacer nada? ¿Y la sensación de plenitud? Aletargada bajo la piel ansiosa que sirve de disfraz para la inutilidad. Así me siento tan a menudo que asusta. Abotargada, inútil, extenuada por la sinrazón, el miedo o la vagancia. La vagancia llama a la vagancia. Ni siquiera acuden a la mente ideas o buenos propósitos. Nada. Pero en la nada tampoco aparece el placer. En la nada sólo se acelera la respiración y se agotan las fuerzas para las tareas cotidianas, que se abandonan a la deriva.
A la deriva viajan los sentimientos. Si se han agotado las ganas de querernos a nosotros mismos, ¿sería posible amar a algo más? Sólo la embriaguez nos vuelve, a ratos, lúcido. Por eso se echa tanto de menos, sólo ansío saltarme la medicación para perderme en el alcohol una vez más. Emborracharme hasta perder completamente el control... qué absurdo... si el control de nuestra vida hace mucho tiempo que lo hemos perdido...
A la deriva viajan los sentimientos. Si se han agotado las ganas de querernos a nosotros mismos, ¿sería posible amar a algo más? Sólo la embriaguez nos vuelve, a ratos, lúcido. Por eso se echa tanto de menos, sólo ansío saltarme la medicación para perderme en el alcohol una vez más. Emborracharme hasta perder completamente el control... qué absurdo... si el control de nuestra vida hace mucho tiempo que lo hemos perdido...
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