Mamá, quiero ser guionista

Un día dije aquello de 'mamá, quiero ser guionista' y entonces ella...
¿por qué no me abofeteó?

domingo, 20 de junio de 2010

Excursión a Guadalupe


Hoy era el cumpleaños de mi hermano menor. Me gusta decir menor aunque sólo somos 2, él y yo.
Para celebrarlo nos hemos ido toda la familia a comer a Guadalupe, lugar con encanto pero asombrosa y penosamente lleno de turistas. La mayoría somos gente de la zona, los que hacen promesas de ver a la virgen una vez al año, quienes les llevan el coche para que se lo bendiga... o se despiden de ella antes de emprender un viaje, de esas soy yo.
Lo acabo de decir es mentira. Voy a decir una barbaridad, si lo llega a escuchar mi abuela, pero yo en vez de despedirme de la Virgen quería despedirme de la morcilla y qué mejor forma que acompañándola de unos vinitos blancos.
Dicho y hecho. Hemos pagado una fortuna por unas cuantas tapas de esa masa de sangre picante y después, hemos ido a comer al Restaurante Altamira. Por unas razones u otras, al final siempre acabamos allí.
Barrigas llenas y un calor abrasador, nos hemos transportado, qué pena no teletransportado, al Parador Nacional. Nos hemos colado en una habitación con sofás de cuero y una enorme televisión. El olor a rancio de los muebles se ha mezclado con las risas propiciadas por la Cuore, la revista condemore ;-P
Cámara en mano me he adentrado en los jardines. Música clásica de ambiente y unas vistas a las torres del monasterio es lo que aguardaba ese interior. Detrás de la terraza se escondía una agradable piscina con unas tumbonas de madera refugiadas a la sombra.
Y así hemos echado el día. Café y para casa. Me suena a repetido, pero... ¿acaso no hay placer en repetir estos pequeños placeres con la compañía de siempre? A veces, las cosas que más nos sorprenden son las que más conocemos, o creemos conocer.

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