Mamá, quiero ser guionista

Un día dije aquello de 'mamá, quiero ser guionista' y entonces ella...
¿por qué no me abofeteó?

domingo, 29 de mayo de 2011

12 menos 15 de la mañana

Parque Empresarial La Finca, Pozuelo de Alarcón (Madrid). 12 menos 15 de la mañana.
Me siento como si fuera a reunirme con Bill Gates.

Edificios cúbicos, acristalados. Imagino a millones de ojos vigilándome desde el otro lado. No quiero peinarme en el espejo por si me convierto en el blanco de los chistes de la oficina. Al fin y al cabo, esto está plagado de gente joven. Encorbatados o enzapatillados pero digo yo que los ejecutivos no se dejan el sentido del humor en casa cuando fichan para trabajar. O quizá sí. Yo nunca he sido uno de esos así que no puedo contarlo de primera mano.

Los cubículos están distribuidos en una especie de avenidas por las que, como hormigas en la tierra, se mueven taxis y coches de lujo cuyos viajeros no se pueden divisar. Bendito anonimato el de las lunas tintadas.

En cada recoveco aparece una plaza, rectangular, por supuesto. Y a ellas dan las puertas giratorias de acceso a los 'paneles' de abeja. 1, 2, 3... 12, 13, 14... hasta 20 paneles diría yo. Salpicados, quizá en un intento de hacer honor al nombre del complejo de alquitrán, olivos a los que se ha desprovisto de su hábitat. Menos tres minutos. Me voy en busca de mi pez gordo a ver si lo pesco.

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