Ese silencio que me corroe en tu ausencia… benditas alas, si las tuviera, que me llevasen volando a ese lugar donde te hallas, donde quizás no me esperas.
Ahora es probable que seas presa, por doquier se lanzan las carroñeras a comer de aquella carne que es indefensa, indefensa o muerta.
Cobardes son los llantos que te profeso cada mañana al mirar tu hueco. Sí, la cama es ancha pero más ancho es tu recuerdo.
Cubrirte con las sábanas que son mis brazos hoy necesito. Notar cómo me envuelves con esos lazos que no son lo suficientemente fuertes para atar, pero si lo bastante cálidos para protegerme.
Ausencia… muerta.
Llantos… lazos.
Añoranza, no me enloquezcas.
Corazón, sigue palpitando.
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